Con determinación y un carácter implacable, Sofía logra abrirse paso en el palacio. Allí se acerca al emperador Sebastián y, al mismo tiempo, encuentra en Gabriel un vínculo especial. Las guerras y las pérdidas no la detienen: asciende hasta la corona de emperatriz y gobierna a su modo, incluso dedicándose a su propio huerto. Sebastián la acompaña toda la vida, Gabriel muere en combate y Sofía resiste con firmeza hasta alcanzar una vejez en paz.