En el Grupo Chávez, Manuel Rivas lo era todo: el técnico más valioso y el apoyo que sostenía a la empresa. Aun así, Aurora Chávez, recién llegada a la herencia y sin reconocer su valor, lo echó por supuestamente quedarse dormido en el trabajo y lo dejó en ridículo ante todos. Con el orgullo herido, Manuel puso su talento al servicio de la compañía de María Jiménez, su primer amor, decidido a impulsarla hasta la cima.