Selina confiaba ciegamente en Rocío y la crió con el cariño de una hija propia, rodeándola de comodidad y una vida privilegiada. Pero esa misma hija adoptiva terminó despojándola de todo, mientras Zoe, su hija de sangre, había quedado ignorada durante años. Cuando el dolor le reveló la verdad, el destino le permitió regresar al pasado. Esta vez, Selina no piensa repetir el mismo error.