Lo culpan de envenenar a su hermano, pero Gabriel Ruiz ya no piensa seguir aguantando. Harto del abuso familiar, se planta ante los Ruiz y deja al descubierto sus prejuicios y la forma en que lo han explotado. Con Esteban de su lado y el conocimiento de antes como guía, decide abrirse paso por cuenta propia, alejarse de esa casa y exigir su lugar. Ellos aún no saben que al hijo despreciado le llegó la hora de responder.