La vida de Alejandro depende de un trasplante renal, y cada decisión pone a prueba a su familia. Lucía choca una y otra vez con Javier Quintero, aunque él, diagnosticado con cáncer, decide donar. La situación se enreda aún más cuando se destapa un intento de estafa, hasta que un donante internacional logra resolver el caso. Después de aclarar todos los malentendidos, Alejandro toma una decisión definitiva: deshereda a Lucía, mientras la fundación benéfica Solidaria continúa su camino.