Isabel puso fin a su matrimonio con Rafael sin dejar de aguardar a Baltasar. Rafael quiso recuperarla, pero ella no dio marcha atrás. Gracias al apoyo del general Salvatierra, Isabel y Baltasar lograron el decreto real de bodas y unieron sus vidas. Ella finalmente encontró paz y felicidad; Rafael y su madre quedaron marcados por la culpa. Sus destinos dieron un giro definitivo.