La víspera de su boda, Elena fue traicionada por quien debía amarla y quedó expuesta ante toda la élite. A la humillación siguió la duda: nadie aceptó que fuera la hija de una generala temida y de un padre capaz de intimidar a los corruptos más poderosos. Pero su verdad llegó con estruendo. Al amanecer, los helicópteros de combate de su madre sobrevolaron la catedral, y los hombres de su padre arrastraron al prometido infiel hasta ella. —A mi hija no la toca nadie —tronó su padre, mientras desenfundaba su pistola dorada.