Después de la muerte de la madre de Laura en un accidente de coche, Carlos intenta salvar las apariencias y trae a casa a Graciela, la hija del conductor que provocó la tragedia. Para mantener la “armonía”, los hermanos de Laura se esfuerzan al máximo y terminan menospreciando a la propia Laura para favorecer a Graciela. Ella soporta una y otra vez el desinterés y las maniobras de Graciela, hasta que por fin decide cortar relación con todos. Sin Laura, el equipo de tiro de la familia cae en picada. Entonces sale a la luz la verdad: el padre de Graciela era en realidad el conductor ebrio que mató a su madre. Demasiado tarde, la familia entiende que Laura era quien merecía ser cuidada, no herida.