Irene Soto, totalmente borracha, acabó en unas aguas termales equivocadas y, sin querer, salvó a Miguel Pérez, que había sido drogado. Cuando Miguel despertó, vio a Clara Soto y creyó que ella era quien lo había ayudado; Clara dejó que siguiera con esa idea. Más tarde, tras dar a luz a gemelos, Irene vio cómo Clara se llevaba al niño y lo hacía pasar por hijo suyo y de Miguel. Cinco años después, Lucía, la hija de Irene, recibe un diagnóstico de leucemia, y solo un trasplante de médula ósea de su padre biológico puede salvarla. Con la urgencia de pagar la cirugía y encontrar a ese padre, Irene entra a trabajar como niñera para la familia Pérez. Allí descubre que Luciano, el hijo de Miguel, es autista y sueña con tener una hermana. Poco después, Miguel se entera de que también tiene una hija, y, junto a su abuelo, ofrece una gran recompensa por hallarla.