El Examen Imperial estaba por comenzar cuando el joven emperador fue a un templo a rezar. De regreso, un aguacero y una inundación repentina lo hicieron caer por un acantilado y perder la memoria. Creyéndose un estudiante mediocre, aún así se presentó al examen. Pero al entrar en la sala, se topó con un sistema nada limpio: favoritismos, sobornos, opresión y abusos ponían todo en evidencia. Lleno de indignación, recuperó la memoria y decidió erradicar aquel caos.