Valentina Soto sostuvo a Alejandro Ocampo durante mucho tiempo, soportando en silencio la presión de su novia y sin romper la promesa que le hizo al padre de Ocampo. Cuando fue drogada y engañada, tomó una decisión firme: dejar su puesto y trasladar al equipo principal al Grupo Garza. Desde allí, puso en juego su gran capacidad, impulsó el crecimiento de la nueva empresa, reunió méritos importantes y ganó la licitación que cambió su rumbo profesional.