Sebastián Delgado, heredero del Gran Canciller, teje una alianza con Guillermo Estrada para quedarse con la riqueza de Casa Fuentes y forzar a Inés Fuentes a ser concubina. Sin embargo, el Emperador, en una visita discreta, descubre la conspiración, y la Gran Matriarca decide intervenir. La caída de los Delgado es inevitable: pierden su poder y son encarcelados, mientras Casa Fuentes recupera su reputación. Inés Fuentes asciende como emperatriz y Tomás es reconocido como príncipe, en una historia donde la justicia del trono se impone sobre la ambición.