Después de perder a su esposa, Julio abandonó su identidad como Supremo del Templo Celestial para llevar una vida en silencio junto a Sara. Sin embargo, la tranquilidad no duró: Sara fue humillada por unos jóvenes, y sus propios padres intentaron ofrecerla a los japoneses a cambio de beneficios comerciales. Cuando Julio supo la verdad, reveló quién era en realidad, salvó a su hija y aplastó a los japoneses para proteger la patria.