Enviado a gobernar Solerín, Fausto convirtió cada crisis en una pieza de su ascenso. Con Tania a su lado, contuvo a la Tribu Altan, sofocó rebeliones y barrió la corrupción hasta consolidar su poder. Pero entre tantas conspiraciones, también tuvo que descubrir quién se escondía tras el asesinato.