Clara Márquez ve cómo su boda se derrumba la noche anterior, cuando Raúl Herrera la abandona para ir con Alicia Ruiz, el amor de su niñez. Obligada a reaccionar de inmediato, busca a Federico Romero, enemigo y rival suyo desde la universidad, y él acepta convertirse en su esposo. Desde ese acuerdo improvisado nace una convivencia marcada por el cariño y la cooperación, en medio de conflictos familiares, presiones empresariales y la continua interferencia de Raúl y los señores Herrera. A medida que se acompañan y sanan viejas heridas, el matrimonio deja de ser una simple solución y se convierte en un vínculo verdadero, que finalmente se consolida cuando Clara descubre que está embarazada.