Para sacar a Tomás Duarte de la ruina, Adriana Salinas pagó un precio irrepetible: le donó un riñón y después crió sola a su hija. Pasaron siete años y Tomás, todavía cegado por el malentendido, terminó por casarse con otra. En la ceremonia, la mentira que la había condenado se derrumbó al fin: los Zapata habían provocado el incendio en la casa de los padres de Tomás, los mataron y usaron a Adri como chivo expiatorio, pese a que ella fue quien le donó el riñón.