Mientras revisaba documentos, el historiador Sandro Soler cayó en el ficticio Imperio del Volcán y abrió los ojos como el príncipe heredero. Su nueva posición venía cargada de problemas: los rumores lo acusaban de ser vicioso y decadente, y también fue encontrado a solas con Irene Lara, la hija del Canciller Mayor. Con su visión histórica moderna, Sandro afrontó ambas amenazas, e incluso logró contener la furia del Emperador al discutir políticas de Estado y obtener su beneplácito.