En plena boda, Liana es sacada del altar por Aurelio, el Soberano Dragón. Sin pedirle permiso, la lleva al Palacio del Dragón para hacerla su reina y obligarla a llevar un huevo dragón. Por más lujos y poder que la rodean, ella no cede. Entonces aparece Lucero, la Princesa de la Fénix Dorada, y todo se altera: un insulto a Liana basta para despertar la furia de Aurelio. De esa tensión entre desprecio y deseo nace un amor abrasador.